No, Tronco. ¡No no y no! A mí sólo me pasa esto. Que pedazo de boludo que
tengo que ser. ¿Cómo no pienso antes? Decíme Tronco, ¿porque soy tan
arrebatado, loco? No aprendo más. Yo no tropiezo dos veces con la misma
piedra, tropiezo veinte. Pero te cuento porque ya te veo tu cara de no
entender nada. ¡Pero que pancho que soy! Y después me quejo de Chuzo.
Bueno. Resulta que ayer, a la hora de la siesta, se me dio por salir a
caminar. Anduve deambulando de acá para allá sin rumbo fijo. Estaba acomodando
las ideas, ¿viste? Cuando se me da pasar por la canchita de acá a la vuelta.
Iba lo más bien caminando por el medio del pasto cuando escucho que alguien
estaba llorando. Un llantito como de hembra. finito y silencioso. Sigo el
sonido y la veo, Tronco. Acurrucadita contra el palo. Haciendo pucherito, con
los mocos colgando y los ojitos todos rojos. Era la India, Tronco. ¿Vos podés
creer? Yo nunca había cruzado palabra con ella, así que no sabía qué hacer: si
hacerme el boludo y seguir de largo o acercarme a consolarla. ¿Porque mierda
no le elegí la primera opción y me fui al carajo? No. Si yo me creo que soy el
súperheroe del barrio. Super Manchitas a sus órdenes. Cuando se sientan mal o
estén en peligro hagan brillar la Manchi Señal y aparezco al instante. ¡Pero
qué pedazo de pelotudo!
Sigo, Tronco. ¿En que estaba? Ah. Si. Bueno. Entonces me acerqué y le pregunté
qué le pasa.
—Nada, Manchitas. Dejá. No me pasa nada.
¡Qué bronca me da cuando las perras hacen eso! ¡Estás llorando como loca y me
dices que no te pasa nada! Tendría que haberme ido a la mierda ahí mismo. Pero
no. Me quedé, Tronco. Y no sólo me quedé, sino que me le acerqué para
consolarla. No sé si fue que me dijo Manchitas, señal que me conoce, o eso que
te digo de que me creo un héroe a cada rato o porque la India esta que se
parte. Pero la abracé y le dije que se calmara. ¡Para que! Se largó a llorar
con todo sobre mi lomo. Y yo que le decía:
—Ya, India. Ya. Ya está.
Y ella que lloraba y lloraba con más ganas. Como si mis consuelos le activaran
un mecanismo del llanto enérgico. ¿Que se yo?
Si hubieras pasado en ese momento vos, Tronquito, hubieras visto una escena
conmovedora de un amigo consolando a una amiga. Pero a la que se le ocurrió
pasar en ese momento fue a Lolita con el Gordo. ¡¿Qué carajo estaban haciendo
a las tres de la tarde por la canchita, me querés explicar?!
No sabés cómo se puso la Lolita cuando me vio abrazado a la India. Empezó a
ladrar, a correr como loca. Decí que el Gordo la tenía con la correa que si no
me despelleja ahí nomás. Tan histerica se puso que el Gordo la cargó a upa y
se la llevó. Yo que me quedé duro sin saber qué hacer ni decir. No tuve
reacción. La India se asustó con los ladridos de la Lolita y me abrazó más
fuerte. Que mierda, Tronco. Que mala suerte que tengo, viejo. A mi solo me
pasan estas cosas. Cuando casi la tenía a la Lolita, porque ya estaba rendida
a mis encantos, va y me encuentra en una situación sospechosa con la India. Te
juro, hermano. Te juro y te recontra juro que no había hecho nada malo hasta
que llegó la Lolita. Sólo estaba consolando a la India como lo haría cualquier
hijo de vecino. Nada más que eso.
Cuando se calmó un poco el tema, después que el Gordo se llevara a la Lolita,
le pregunté a la India que que le pasaba. Porque estaba llorando. Porque se
sentía mal. Y se me puso a contar. Dice que está triste porque escuchó que
cuando nazcan sus cachorritos se lo van a regalar porque en la casa donde vive
no los pueden tener. Encima el hijo de puta del Chuzo la dejó preñada y se
borró como el mejor. No apareció más para ver si necesitaba algo. Y también me
contó que se siente muy sola. Que nadie le da bola. Que no tiene amigos y que
anda necesitando a alguien que la cuide, la escuche y la entienda.
¿Que te voy a decir, Tronco? La India está requete buena y yo me embalé con
esto último que me contó y, como un boludo, pensé que era una señal de esas
que dicen los cachorros hoy en día. Así que ahí nomás le metí un languetazo.
Pero nada que ver, hermano. Se puso como loca. Me empezó a gritar que todos
los perros somos iguales. Que nos creemos los machos alfas. Que solo pensamos
en “eso” cuando estamos con las perras y que se yo cuantas cosas más porque se
fue despotricando a los gritos limpios que despertó a medio barrio.
Y yo ahí me quedé. Solo como siempre. Con el amigo al mango y sin el pan y sin
la torta. Y chau esperanzas que tenía con la Lolita. Porque esta no la remo
más. Y lo peor de todo es que no hice nada, Tronco. Todo esto me pasó por
buenudo. Por pelotudo me pasó, Tronco. Soy un super pelotudo.
Me voy a la mierda. Me voy a tirar abajo de un camión o a bañarme en ruda. No
se. Últimamente vengo con una mala leche terrible.
Nos vemos, Tronco. Saludame a la Panchita . ¡Y la concha puta de mi hermana
perra!